El gasoducto que no pudo ser
Por Domingo Alberto Rangel
2001
Brasil acaba de enterrar una de aquellas fantasías con las cuales estrenó Hugo Chávez su primer gobierno en 1999. Esa fantasía fue el gasoducto Maracaibo o Puerto La Cruz-Buenos Aires. Algún Mujiquita de antecámara, los hay también de alcoba, había soplado en los oídos del comandante Chávez, días antes de su toma de posesión, aquella idea del gasoducto y el ya presidente, impartió ejecución a tal idea. Ese gasoducto, de haber llegado a construirse, sería uno de esos disparates con los cuales algunos mandatarios hipotecan el futuro de los países que gobiernan.
A propósito de ese gasoducto, ahora muerto, por fortuna, es oportuno un paréntesis. La mezcla o alianza de militar medio culto o ignaro por completo y el intelectual inescrupuloso ha sido funesta a nuestro país. Alguien rebatiría con una observación tangencial. Esa pareja de militar medio ignorante y de intelectual ligero de escrúpulos es negativa o trágica para cualquier país. Sin embargo en Venezuela es fatal en especial, porque aquí el Estado crea “ex nihilo”, clases sociales enteras. Mientras en Europa la burguesía crea al Estado, aquí ocurre lo contrario, el Estado crea a la burguesía.
Por fortuna, el gasoducto a Buenos Aires, fue una ocurrencia de niño grande, es decir, pasajera del presidente de la República. El gasoducto dependía de Brasil, por cuyo territorio pasaría casi la totalidad de su recorrido. Ese país guardó silencio en los años que siguieron a los primeros anuncios del jefe del Estado venezolano. Esperaban las autoridades brasileñas el resultado de las exploraciones, entonces recién emprendidas, en las zonas del sur de Brasil, donde, sin haberlo divulgado, Petrobras realizaba grandes faenas de estudio y pesquisas en las cuales depositaba enormes esperanzas. Mientras aquellas esperanzas se concretaban, era preferible el silencio.
En febrero del presente año Petrobras rompió ese silencio. Nuestra compañía, dijo el presidente de la empresa, ha descubierto uno de los yacimientos más grandes de la historia. Situado en los estados brasileños de Santa Catarina y Río Grande do Sul, el yacimiento indicado se extiende por mar y tierra, es decir, se encuentra situado por debajo de la capa terrestre y de los espacios marítimos. Hubo cierto escepticismo dado el carácter propicio a la exageración que habitualmente se les atribuye a los brasileños. Pero días después del anuncio sobre el hallazgo, la conducta de Petrobras cambió frente a ciertos negocios relacionados con el petróleo.
La compañía brasileña renunció, con un mohín de desdén, a la posibilidad de asociarse con Pdvsa en la explotación del yacimiento llamado Gran Mariscal de Ayacucho. Si una empresa como Petrobras, ávida de petróleo, renuncia a un privilegio, concesión o tajada otorgada por Venezuela, es porque en su propia casa ha encontrado un emporio petrolero sin parangón.
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