Sindicalismo, ideología y subversión
Por Luis Enrique Pérez
Siglo XXI
Hay una hermandad entre marxismo y sindicalismo. La finalidad es imponer el socialismo.
En nuestro país, los primeros sindicatos fueron fundados por marxistas, en la década de 1920, durante el gobierno de Carlos Herrera, José María Orellana y Lázaro Chacón. El discurso sindicalista, especialmente aquel que, en el Día del Trabajo, era pronunciado en el parque Minerva, o en el teatro Colón o en el parque Concordia, era inequívoco: la historia del género humano era la historia de la lucha de clases sociales, o la historia de los opresores y los oprimidos, o la historia de los dominantes y de los dominados.
En la década de 1930, durante el gobierno de Jorge Ubico, los sindicatos fueron combatidos, desde el comienzo mismo del gobierno. En la década de 1940, durante el gobierno de Juan José Arévalo, los sindicatos resurgieron, animados por un capítulo de la nueva ley constitucional, denominado garantías sociales, y por el Código de Trabajo. Marxistas salvadoreños y guatemaltecos, con la entusiasta complacencia de la Confederación de Trabajadores de Guatemala, e inspirados por el Grupo Claridad, que fundó el marxista francés Henri Barbusse, fundaron la Escuela Claridad, para formar ideológicamente a los dirigentes sindicales.
En las décadas siguientes, persistió la propensión ideológica marxista de por lo menos algunos sindicatos.
La propensión todavía persiste, y ha logrado constituir una sagrada hermandad entre marxismo y sindicalismo. En esa hermandad, el marxismo ha aportado la finalidad, que es imponer el socialismo; y el sindicalismo ha aportado los medios, que son los sindicatos mismos. Es una hermandad que adquirió extraordinaria importancia durante el proceso de subversión armada, y por la cual el sindicalismo se expuso a la persecución, el secuestro, la tortura y el asesinato.
Actualmente ocurren sucesos que sugieren que aquella hermandad ha decidido renovarse. Uno de esos sucesos es la manifiesta intención de algunos sindicatos, de paralizar con violencia criminal algunas de las más importantes empresas industriales de nuestro país. Parece renovarse aquella hermandad, no para emprender un nuevo proceso subversivo armado (que hasta los antiguos patrocinadores europeos de la extinguida guerrilla reprobarían), sino para provocar un caos integral, en el momento mismo en que comienza una crisis económica que ansía ser una de las peores que ha sufrido nuestro país. Sería un caos propicio para lograr aquéllo que con las armas no se logró, ni ha podido lograrse con el voto, es decir, ejercer el poder del Estado para imponer el socialismo.
Los dirigentes sindicales pueden profesar cualquier ideología. Empero, legalmente no pueden convertir a los
sindicatos en instrumentos de una ideología, ni pueden pretender imponerles una ideología, ni comprometerlos en una práctica ideológica. Esa conversión y esa pretensión impositiva y comprometedora son, entonces, impune ilegalidad. Hay que insistir en esa impune ilegalidad precisamente cuando la hermandad de marxismo y sindicalismo intenta inaugurar una nueva modalidad de subversión.
Post scriptum. El derrotado pero perseverante y acechante marxismo prefiere las crisis económicas y no la democracia, porque está preparado para asaltar el poder del Estado, y no para competir en procesos electorales.
- 28 de septiembre, 2026
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