Los rusos también ríen
Por Daniel Utrilla
El Mundo
Moscú – Llamo a mi madre por el ‘teléfono rojo’ y me cuenta que el desfile de tanques y misiles por la Plaza Roja del 9 de mayo “daba mucho respeto”. Entonces pienso que Putin ha conseguido su objetivo de exportar miedo (o respeto al menos) allende las fronteras de Rusia.
También me dice mi madre que se fijó bien por si me veía en las imágenes del desfile que dio la televisión, casi como temiendo que su hijo alocado (el mismo que un día cogió y se fue a vivir a Rusia) pudiera saltarse a la torera el cordón policial que ceñía el ‘ruedo’ y correr como un espontáneo delante de los misiles Topol-M con pitones de un megatón de potencia.
Volviendo al tema del “respeto” que transpira el aire marcial que visten los rusos (sobre todo los militares), me atrevo a afirmar que los rusos no son fríos (sólo por fuera y cuando no pasean a -20 grados bajo cero). Los rusos son como volcanes con las laderas cubiertas de nieve. Por fuera pueden llegar a ser más duros que la coraza de un T-34, pero por dentro llevan una carga explosiva de emotividad y humor. Los escandinavos y alemanes les ganan en gelidez interior.
El ruso siempre ha sabido reírse de sí mismo, incluso en los tiempos donde la sonrisa se quitaba a golpe de destierro (los escritores satíricos Ilf y Petrov que parodiaron la sociedad de los años 20 en ‘Las doce sillas’ siguen estando de moda en Moscú). Los monólogos de humoristas como Mijail Zadornov (famoso por sus comparaciones satíricas de los rusos con los alemanes o norteamericanos) o las imitaciones de Yeltsin de Maxim Galkin forman parte de la cultura rusa.
Los chistes saltan en cualquier conversación (haya o no vodka de por medio) como aquel del americano que le dice al ruso: “en mi país cualquier ciudadano puede gritar libremente “Fuera Bush” ante la Casa Blanca y no le pasa nada”. Y va el ruso le responde: “Menuda cosa. Nosotros también podemos gritar en la Plaza Roja “Fuera Bush” y no nos pasa nada”.
En el último año y medio la serie de televisión ‘Nasha Russia’ es el mejor exponente de la capacidad que tienen los rusos para reírse de sí mismos. Hace furor entre los jóvenes, los DVD recopilatorios se venden como rosquillas y ya se ha convertido en fenómeno social y serie de culto.
En una época donde la televisión rusa se agrisa a juego con la monocromía ideológica del Kremlin, la pareja de cómicos Mijail Galustian (el moreno bajito) y Serguei Svetlakov (el rubio desgarbado) han logrado sacarle los colores al orgullo patrio de la Madre Rusia con su popular serie de ‘sketches’ del canal TNT.
Entre los personajes ‘arquetípicos’ que habitan la geografía humana de ‘Nasha Russia’ hay un policía que es el único de toda Rusia que no saca mordidas a los conductores (peculiaridad que mantiene a su familia en la indigencia), dos obreros tayikos tan incapaces de juntar dos ladrillos como dos palabras en ruso, o una fea camarera que asalta a los clientes varones en el ‘sushi-bar’ de una ciudad de provincias superpoblada de mujeres.
‘Nasha Russia’ (‘nasha’ significa ‘nuestra’) se ríe del orgullo ruso, pero con orgullo. “Vivimos en el país más maravilloso del plantea y el resto de países nos envidian”. Así arranca cada capítulo, con una voz ‘en off’ (parodia de la entonación engolada de los noticiarios soviéticos) que incide con sorna en la manía rusa de presumir de todo lo ruso: “En nuestras hiperciudades viven megapersonas (…) A los rusos los charcos nos llegan hasta los tobillos y el mar hasta la rodilla. Y en cuanto al océano… mejor nos callamos” (…) “Nosotros hemos sido los primeros en llegar al espacio, hemos inventado la bomba de hidrógeno, el coche Zhiguli (Lada) y muchas otras cosas aterradoras” (…) “Hemos dado la vuelta al curso de los ríos y al de los contadores de electricidad”…
Con un repertorio inagotable de registros, que va desde la prostituta con tacones conchabada con el policía de tráfico, hasta la pareja de adolescentes pasotas incapaces de entrar en una discoteca de moda (tan blindadas para los mortales como las murallas del Kremlin), ‘Nasha Russia’ se ríe de las miserias de un país enriquecido por la venta de crudo y gas. “Moscú, la ciudad donde hasta las estatuas llevan dinero en el bolsillo”, afirma la voz en off. La serie se inspira en la teleserie inglesa ‘Little Britain’: https://www.youtube.com/watch?v=gYjvv9_6vF0.
Mientras el presidente invoca la grandeza inquebrantable de la patria, estos humoristas sacan a relucir las pequeñeces del país más grande del planeta. La voluntad de provocar queda patente en el obrero homosexual de Cheliabinsk (antítesis del arquetipo ‘stajanovista’ del proletario de hierro), personaje que interpreta Svetlakov y que no debe hacerle ni pizca de gracia al alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, que considera “actos satánicos” los desfiles de orgullo gay, que ha prohibido en la capital.
Esta pareja de cómicos, cuyos ‘iconos’ menudean por la capital en enormes cartelones de publicidad, no hacen imitaciones de personajes famosos, y ni mucho menos de políticos. Quizá porque saben lo poco o que le gusta al poder reírse de sí mismo. Cuando en el año 2000 Putin llegó al Kremlin, uno de los primeros programas que sufrieron las ‘interferencias’ de la nueva política mediática del Kremlin fue ‘Kukli’ (‘Muñecos’) de la NTV, versión rusa de ‘Spitting Image’, que contaba con una marioneta de goma de Putin que imitaba a la perfección su dicción rotunda y acelerada. ¿Se reirá Putin de ‘Su Rusia’ con ‘Nasha Russia’?
Yo creo que sí. Ahora bien, una cosa es que los rusos se rían de los rusos y otra muy distinta que un extranjero se ríe o critique a los rusos. En ese momento se acabaron las bromas. El humor ruso está blindado contra los ‘ataques’ del exterior.
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