Teoría General de la estupidez
Por Luis Enrique Pérez
Siglo XXI
Inmanuel Kant, en una de sus magistrales obras de filosofía, denominada Crítica de la Razón Pura, afirma que la facultad de juzgar consiste en subsumir lo particular en lo general. Quien, por ejemplo, juzga que todos los perros son mamíferos, subsume algo particular (que son los perros) en algo general (que son los animales mamíferos).
La estupidez consiste en la ineptitud de subsumir lo particular en lo general. Empero, la estupidez no implica ineptitud para comprender lo general. Hasta puede suceder que alguien que padece estupidez comprenda perfectamente, por ejemplo, los principios más generales de una ciencia, como la lógica, la matemática o la física.
La estupidez dificulta resolver ordinarios y heterogéneos problemas de la vida cotidiana. Por ejemplo, dificulta emplear fórmulas matemáticas, clasificar plantas, interpretar normas reglamentarias o jurídicas, y discernir entre proposiciones categóricas, hipotéticas o disyuntivas, o entre razonamientos correctos y razonamientos no correctos.
Es posible ejercitarse en subsumir lo particular en lo general, por medio de ejemplos, de los cuales afirma Kant que su principal utilidad es “agudizar el juicio”, es decir, la facultad de subsumir lo particular en lo general. Empero, él afirma que, con respecto a la “corrección y precisión” del conocimiento intelectual, los ejemplos son “funestos” porque no suelen representar idóneamente lo general, y “debilitan la tensión que el intelecto necesita para aprehender” la pura generalidad.
Kant afirma que, evidentemente, lo general puede enseñarse; por ejemplo, pueden enseñarse fórmulas matemáticas, o clasificaciones de plantas; o normas reglamentarias y jurídicas; o conceptos de proposición categórica, hipotética o disyuntiva, o definiciones de razonamiento correcto y no correcto. Sin embargo, no puede enseñarse una norma para subsumir lo particular en lo general porque esa norma sería ella misma general, y para subsumir en ella algo particular, sería necesaria otra norma, y así indefinidamente.
La ineptitud de subsumir lo particular en lo general es prístina estupidez. De ella derivan, como de un fecundísimo género, diversas especies, que son objeto de la teoría particular de la estupidez. Hay por lo menos cinco especies. La primera es intelectiva. Consiste en pensar confusamente. La segunda es volitiva.
Consiste en actuar con apasionada negligencia y peligrosa irresponsabilidad. La tercera es teleológica. Consiste en elegir los peores medios para lograr los fines. La cuarta es mecánica. Consiste en creer que una misma causa provocará distintos efectos. La quinta es arrogante. Consiste en la grosera estupidez que pretende ser exquisita inteligencia.
Cada especie de estupidez puede tener subespecies. Por ejemplo, la estupidez intelectiva puede ser analítica, y consiste en pensar confusamente sobre las partes de un todo; o puede ser sintética, y consiste en pensar confusamente sobre el todo mismo. O la estupidez arrogante puede ser despreciable, y consiste en ser ridícula; o puede ser apreciable, y consiste en ser temible.
Post scriptum. Hay infinitas especies y subespecies de estupidez, en cuya indagación, definición y taxonomía puede fatigarse la más licenciosa imaginación.
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