Venezuela:La sociedad del silencio
Por Elys Rivas
2001
La ilustración como propulsora del movimiento que abrió los caminos para la Revolución Francesa y la subsecuente caída del Antiguo Régimen, nos legó también la declaración de los derechos del hombre. La democracia se enrumba con la Constitución norteamericana, conjuntamente con el Liberalismo, en su vertiente política, después de la Revolución Industrial.
Todos estos acontecimientos fueron marcando un hito para lo que sería el mundo en adelante. Una nueva sociedad se levantaba y el Estado policía del Régimen Feudal habría las puertas de la libertad en toda su connotación. Los partidos políticos se transformaron en los valuartes del nuevo sistema democrático y el Estado de derecho acentúa la defensa de los derechos y libertades fundamentales de la persona.
Han transcurrido más de docientos años de todos estos acontecimientos. El mundo se transformó. Y en gran parte el sistema democrático ha jugado un rol fundamental en esa transformación. De modo que hoy se ha consolidado en la mayoría de los países del mundo. Los régimenes de fuerza ya prácticamente no son más que “viejos modelos de referencia histórica” superados. Hoy impera la globalización que plantea un mundo sin fronteras.
Bajo todos estos esquemas y frente a todos los acontecimientos que hemos vivido en ésta última década, pienso que es válido preguntar ¿hacia dónde vamos? Como señalé al comienzo los partidos políticos son los valuartes de la democracia y ésta se sustenta con la libertad y, más específicamente, con la libertad de expresión. De aquí que no se puede entender el enfrentamiento del sector oficial con los medios de comunicación.
En estos momentos da la impresión que no hay una libertad de prensa sino una libertad prensada. Sólo el presidente puede opinar. Sólo el presidente puede disentir. Nadie puede decir nada contrario a la voluntad del presidente. Parece que estamos frente al regreso del Estado policía que creímos abolido con la Revolución Francesa y donde se planteaba que la voluntad del rey era la suprema ley (regis voluntas suprema lex).
No nos extrañe escuchar al presidente decir entonces, como Luis XIV, el Estado soy yo. Pretende, como éste, una obediencia ciega. Cualquier manifestación es un crimen. En otras palabras, estamos regresando a un Estado absoluto. Y mientras en otras partes se habla de la sociedad del conocimiento, aquí se propone la sociedad del silencio. Cuya máxima será la libertad prensada en lugar de la libertad de prensa.
Por ello, para el gobierno es necesario hacer una reevaluación de sus acciones, de sus desatinos. Un análisis de todos los últimos acontecimientos, porque el poder sin autoridad no es más que simple tiranía. De lo contrario habrá que decir, con John Done, en el próximo repique, no es preciso que preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.
El autor es politólogo y Magister en Ciencias Políticas.
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