No llorar por la Argentina de los Kirchner
Editorial –
El Colombiano
Varias cosas quedaron a la vista durante la reunión del Grupo de Río. Daniel Ortega, quien rompe relaciones con Colombia un día y las restablece al día siguiente, hizo el papel de payaso de circo. Hugo Chávez se dio cuenta de que su movilización militar por televisión sólo había servido para ponerlo en ridículo. Y Cristina Fernández de Kirchner hizo explícita su animadversión hacia Colombia y el ingreso de Argentina al club de países clientes de Chávez, en compañía de Nicaragua, Ecuador y Bolivia.
Debe ser penoso para la opinión culta de la nación austral constatar que la política exterior argentina está siendo condicionada por los exabruptos de un teniente coronel venezolano.
Lo que para la opinión nacional ha quedado claro es que mientras los esposos Kirchner cogobiernen a Argentina, no será posible para Colombia tener relaciones amistosas con ese país. Para efectos prácticos, la Casa Rosada les asigna más credibilidad a las Farc que al Gobierno colombiano. Un gobierno que actúa de esa manera es, por definición, un gobierno hostil a Colombia. Y como tal merece ser tratado.
Durante la reunión del Grupo de Río en Santo Domingo, Cristina Fernández afirmó que el campamento de Raúl Reyes había sido destruido para evitar que tuviera lugar el canje humanitario. Semejante enormidad revela malevolencia. La interpretación más benévola que se le puede dar es que se origina en la ignorancia crasa de Néstor Kirchner sobre la realidad colombiana, tal como lo demostró en Villavicencio con su participación en la fracasada farsa mediática chavista de diciembre.
La co-presidenta argentina le agregó el insulto a la injuria al pretender dictar cátedra acerca de la forma como el Gobierno colombiano debería enfrentar el terrorismo. Esta impertinente osadía le hace un grave daño a la amistad colombo-argentina.
En Colombia existe un gran aprecio por la literatura argentina, por el tango, por los futbolistas rioplatenses y el bife de chorizo. Pero hay tres temas en los cuales no es prudente que ciertos políticos argentinos pretendan darle lecciones a Colombia: gobernabilidad, política económica y relaciones internacionales.
La contribución política de Argentina a América Latina en los últimos setenta años es lamentable. Sus figuras emblemáticas son Juan Domingo Perón y el Che Guevara. Para citar sólo a autores argentinos, los siguientes textos ilustran el fracaso de la élite política argentina: El 45 de Félix Luna; El Atroz Encanto de Ser Argentinos de Marcos Aguinis; y El Camino del Norte de Horacio Vásquez-Rial.
En cuanto al manejo de la política económica, Argentina no es sujeto de crédito internacional. Está en condición de default con los países miembros del Club de París y con diversos tenedores de instrumentos de su deuda soberana. Su política exterior está hipotecada al régimen venezolano, porque Chávez sí está dispuesto a adquirir bonos argentinos.
Y en materia de política internacional, no obstante las deficiencias de la Cancillería de San Carlos, basta con señalar que a ningún gobernante colombiano se le ha pasado por la cabeza declararle la guerra a Inglaterra. Argentina es una cosa, y la Argentina de los esposos Kirchner es otra. Por esta última no hay que llorar.
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