Campañas en Cuba y EE.UU.
Por Hernán Felipe Errázuriz
El Mercurio
Notables son los resultados, entregados esta semana, de la elección del Parlamento cubano que elegirá al Consejo de Estado, su presidente y vicepresidente. Dicen que votó cerca del ciento por ciento de los inscritos. Los cubanos no se complican, no se desgastan en campañas electorales. No hay competencia: sólo el Partido Comunista decide quién es el único candidato para cada cargo.
Fidel Castro fue elegido diputado con el 98,2 por ciento de los votos de su circunscripción, y su hermano Raúl con el 99,7 de la suya. Ninguno de los 614 candidatos a diputado experimentó contrariedades, el grueso recibe sobre el 90 por ciento de las preferencias. El servicio electoral cubano es muy atento: al Primer Mandatario le recogieron su voto en el lecho, en sobre cerrado. Para evitar malos entendidos, no se le envió urna a su domicilio.
Nuestros parlamentarios del PS y PPD y el saliente ministro del Interior, con cierta admiración por los procedimientos democráticos cubanos, viajaron a la isla para promover un tratado comercial y pavimentar una visita de la Presidenta.
Confundidos deben estar los cubanos observando las elecciones en EE.UU. Allá la campaña presidencial es feroz. La contienda se inició con una veintena de competidores en foros, intervenciones públicas, y elecciones primarias. En la práctica, están reducidos a cuatro los candidatos, y el martes próximo, el “super Tuesday” decidirá su suerte. Luego vendrán las convenciones nacionales de los dos partidos para nominarlos a la elección presidencial, en noviembre.
El panorama estadounidense es apasionante y volátil. Los contendores tienen perfiles sin precedentes. Hasta hace poco se aseguraba que el próximo Presidente sería demócrata, y, probablemente, la senadora Clinton. El senador Obama la ha puesto a prueba y logrado crearle dificultades con un mensaje de esperanza y renovación, sin que importe, por el momento, su color.
Tampoco ha importado que Hillary pueda ser la primera mujer Presidenta. Más problemas le han producido su aspereza y ser cónyuge de Bill Clinton. Sorpresivamente, en los republicanos ha resucitado el senador John McCaine, con algunas posibilidades de vencer a los dos anteriores. Lo favorece ser héroe de guerra, su experiencia y moderación. Lo perjudica su apoyo a la guerra de Irak, su independencia de su partido y menores financiamientos electorales. Inesperadamente, ha provocado la renuncia en su favor del ex alcalde de Nueva York Giuliani y el debilitamiento de los ex gobernadores Romney y Huckabee, por reservas a sus militancias religiosas, uno populista pastor evangélico y el otro, mormón multimillonario. Ahora veremos qué tanto influyen en EE.UU. el género, la raza y la religión.
En Cuba, basta con ser comunista y oficialista. Será por eso que muchos concertacionistas se interesan por la política en Cuba y les molesta la del imperio.
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