El inicio del maratón
Por George Will
Diario de América
Al igual que la deidad romana Jano, a la que este mes perdido de la mano de Dios debe su nombre, los votantes de los dos partidos en dos estados han mirado en direcciones distintas. Tras seis meses de intensa campaña, en apenas seis transformativos días, Iowa habló y el contrario New Hampshire decía: por otra parte…
Estos estados quizá comenzaran una maratón — podría no alcanzar un crescendo decisivo para el 5 de febrero, cuando tomen parte 22 estados — entre dos formidables candidatos Demócratas de apasionados electorados. Mientras tanto, los Republicanos, ilustrando la asimetría elemental de este año, podrían estar contemplando una elección entre John McCain, Mike Huckabee, Mitt Romney y Rudy Giuliani.
Si McCain, que en el 2000 se llevó Michigan tras ganar en New Hampshire, se lleva de nuevo el gato al agua el martes, Romney será, en palabras de E. Cummings, “una reciente huella en la playa del pasado”. Ninguno de los cuatro candidatos está próximo a encandilar a un sector sustancial del partido hasta una temperatura comparable a la de las cohortes de Hillary Clinton y Barack Obama.
La pregunta errónea acerca de Obama ha sido “¿Dónde está la chicha?” — significando “chicha” la sustancia política. Profusión de papeles políticos pueden ser utilizados para fines de promoción por los asesores de campaña, de los cuales Obama tiene un montón. La pregunta correcta es si él es o no un suflé — atractivo y agradable, pero aire en su mayor parte y se desploma sin remedio si se le sopla. La política presidencial es un proceso de veto agotador, duro, ocasionalmente cruel – por necesidad , dados los riesgos — y ahora que ha sido tumbado de pleno veremos si hay acero bajo el liso traje gris.
Con respecto a Clinton, los Demócrata de Iowa parecieron experimentar un gran escalofrío al contemplar, y después retroceder ante, la perspectiva de una restauración Clinton. Los Demócratas de New Hampshire, sin embargo, demostraron que su candidatura podría no ser tan frágil después de todo. Pero Iowa podría haber sido un heraldo de inminentes arcadas, especialmente si su marido se sigue comportando como quizá no pueda evitar comportarse.
Hace 16 años los Clinton se promocionaban como arquetipos generacionales. Estaban muy en lo cierto.
El reciente concierto de reunión de Led Zeppelin en Londres ejemplifica un pesado fenómeno — grupos de rock desfasados que satisfacen la nostalgia de los hijos de los 60. Hablando de la inagotable fascinación de los mismos consigo mismos, Bill Clinton ha transformado la campaña de su esposa en una gira de narcisismo propio. Como describía con brusquedad el New York Times una aparición en New Hampshire el día después de su rechazo en Iowa: “Él habló de la su administración, de su labor de caridad, y dijo algo acerca de su esposa”.
Ella, el relevo, llegaba a New Hampshire desgastada por la lucha pero habiendo perdido el rumbo. Escalando montículos, decía que Obama ha cambiado algunas posturas. Pero la gente embriagada de “esperanza” por “el cambio” no se moviliza por temas serios, referentes a que las diferencias entre él y ella tienen que ser medidas con balanzas ideológicas de precisión. Los votantes se ven atraídos hacia él igual que las virutas de hierro hacia un imán. El cerebro entra de lleno en esta respuesta ante su limbo de novedad, y es imposible que la gente dirima afiliaciones razonando cuando no ha razonado.
La decisión de los Clinton de presentar las elecciones como un puente de vuelta a los años 90 — hasta ellos mismos; otro puente a ninguna parte — tiene a su campaña, en modo característicamente nostálgico, destacando que antes del momento en que su marido ganaba sus primeros comicios en 1992, en Georgia, había perdido seis más.
Pero las primarias de Georgia tuvieron lugar el 3 de marzo, un mes más tarde que el emocionante evento de 22 estados el 5 de febrero de este año. Jay Cost, docto candidato de la Universidad de Chicago, observa que aunque Clinton realmente perdió siete de los nueve primeros comicios, perdió frente a cuatro competidores distintos: Tom Harkin, Bob Kerrey, Paul Tsongas y Jerry Brown. Esta visita a la calle de la nostalgia subraya cuánto ha llovido desde que los Clinton fueran caras nuevas.
Los resultados de Iowa crearon lo que la Senadora Clinton venía esperando retrasar muchas semanas — una elección binaria, ella contra un rival. Ahora, al igual que su rival, ella tiene que demostrar de qué está hecha. Los Republicanos tienen que aguantar el tirón.
Huckabee — ¿Quién es Darwin? ¿Por qué el mundo empresarial es tan ofensivo para la gente corriente? – podría ser un golpe de buena suerte del calendario de nominaciones que, sembrada de evangélicos, antepuso Iowa. Solamente se llevó el 14% de los votos no evangélicos de Iowa, entre los cuales terminó el cuarto. ¿Dónde estaría McCain si el calendario no le hubiera ofrecido una posibilidad temprana de cortejar a New Hampshire de nuevo? Giuliani, presuntamente capaz de competir en el noreste, gastó 3 millones de dólares en publicidad sin elevar sus cifras en New Hampshire, pero espera al sprint de la carrera, donde el 97,2% de los delegados de la convención – la divisa mediante la que se adquiere el premio – siguen en el aire.
Una maratón revelaría casi todo lo relevante acerca de los candidatos. Si, más tarde, cualquiera de los partidos sufre el remordimiento del comprador, a los compradores no les quedará nadie a quien culpar.
© 2008, The Washington Post Writers Group
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