Paraguay: Nuestras esperanzas políticas
Por Secundino Núñez
ABC Digital
Al abrir el nuevo año, volvemos a emprender la vida con grandes deseos y esperanzas de bienestar. Y esta buena ventura la deseamos no sólo para nuestra vida personal, sino también para la familia, los amigos y la pobre patria que desde hace tanto tiempo busca angustiosamente su prosperidad.
Especialmente en este año, la patria pone de nuevo en juego su buena suerte con las elecciones generales del mes de abril. De una manera o de otra, en el hondón de la conciencia ciudadana, todos queremos para nuestro pueblo un amplio y profundo cambio de recuperación.
Pero no pocos hombres entendidos y prácticos dicen que esperar ese cambio y procurarlo no son sino evanescentes utopías. Por la sencilla razón de que nuestra ciudadanía actual carece de hombres próceres, clarividentes y audaces, magnánimos y prudentes, que puedan aglutinar al pueblo y conducirlo en una empresa gigante de tanta envergadura.
Basta observar a los hombres de candelero de los partidos políticos que han pujado en estas elecciones internas.
Del Partido Colorado casi no vale la pena hablar. Porque su chatura política, hecha de masa prebendaria, vacía de ideas y valores auténticos de bien común, no le da la energía histórica necesaria para levantar la patria de su postración. No tiene otro apetito sino la angurria del poder y regodearse en el uso y el abuso del dinero.
Sin embargo, lo más penoso y paralizante de nuestra situación presente es la penuria generalizada de valores políticos, es decir, de hombres de recia estatura moral, de visión certera, voluntad firme, catalizadores de la conciencia ciudadana. Tenemos excelentes profesionales académicos, hombres de gabinete y de cátedra, así como eficientes administradores de cosas y bienes. Pero sentimos gran indigencia de hombres probos y prudentes, orientadores y ordenadores de la libre conducta ciudadana. En una palabra, carecemos de políticos conductores, hombres de Estado, servidores solícitos del bien común.
La insensatez y ridículas gestiones del actual Supremo Magistrado no son sino el espejo vivo en que se muestran el infantilismo y chatura de gran número de nuestros políticos. De otra manera no se explica esta miserable situación en que yacemos.
No obstante, reflexionando y hablando con entero realismo, tenemos que frenar nuestros juicios y no caer en ligeras e injustas generalizaciones que pueden enervar la esperanza y la audacia de los muchos hombres prudentes y honestos que luchan a brazo partido por el bien de la nación.
En el subsuelo de nuestra disoluta política y en el entrevero desatinado de las internas partidarias, no son pocos los paraguayos inteligentes y corajudos, capaces y dispuestos a vivir y a morir por la liberación de la patria.
Es cuestión de apretar filas, hacer unidad y fuerza de pueblo, desenvainando las armas de la justicia en pro de la libertad.
Es cuestión de despertar y orientar con entusiasmo la incalculable buena voluntad que subyace en el interior de este noble pueblo. Es cuestión de orientarlo y conducirlo a hacer historia, como otras tantas veces se comprometió con impresionante heroísmo.
Humanum paucis vivit genus –El género humano vive y sobrevive gracias al amor y entrega de unos pocos–, decía una célebre sentencia de la antigua Roma.
Así nosotros, por encima de las escuálidas y hasta caducas esperanzas, tenemos que enarbolar una fuerte esperanza en las riquezas soterradas que el pueblo paraguayo lleva dentro de sí.
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