Pactando con las fieras
Por Marieta Benegas Lynch
Para el Instituto Independiente
Con el fin de centrarse en el ojo internacional y de resultar finalmente como el victorioso héroe de los secuestrados, Chávez nos ha envuelto a todos en una obra teatral de la que hemos presenciado cada día un pavoroso capítulo.
Hace unos días, el presidente venezolano, indicaba garabateando sobre un mapa cómo se llevaría a cabo el operativo donde tres rehenes serían liberados de las garras terroristas de las FARC con las cuales se pretendía negociar. Inmediatamente después, lo pudimos ver por los medios disfrazado de combatiente, como si todo el asunto se tratara de un emocionante juego de soldaditos, rico en adrenalina y suspenso. En medio de las grandilocuencias y verborragias sin fin que lo caracterizan, Chávez fue el protagonista principal de una macabra pantomima.
Durante el año 2007, el presidente Uribe puso en marcha un programa de excarcelaciones masivas, una desición unilateral dirigida a liberar un centenar de guerrilleros con la esperanza de que la guerrilla terrorista dejara en libertad a un número de rehenes.
En una carta dirigida al presidente Uribe, con fecha el 6 de junio de 2007, José Miguel Vivanco, Director Ejecutivo de la organización “ Human Rights Watch” expresaba su “enorme preocupación” por la medida tomada por el presidente colombiano y lo alertaba sobre las consecuencias nefastas que podía acarrear el liberar miembros de la guerrilla que purgan penas por sus crímenes. “Éstas medidas promoverán una cultura de impunidad y encubrimiento, dejando intacto el poder de los paramilitares y de los guerrilleros”, decía el documento. Además indicaba que: “La impunidad conduce a la repetición de abusos y crímenes”.
Uribe siguió adelante con su plan y finalmente nombró a una senadora de la oposición como mediadora frente a las FARC. En ese momento Chávez se ofreció también como intercesor y fue aceptado por Uribe.
Al poco tiempo, advirtiendo su falta de transparencia y discrepando con sus procedimientos, Uribe le pidió a Chávez que se retirara de dicha misión, pero fueron las mismas FARC quienes lo exigieron como mediador para liberar a los cautivos.
Los familiares de los secuestrados, obviamente desesperados y solo deseando poder abrazar a sus seres queridos después de tantos años, apoyaron a Chávez en su misión y el presidente Uribe no tuvo opción. Debió aceptarlo a pesar de todos los agravios que recibió insistentemente de Chávez en un tenso tironeo diplomático que duró varios meses.
Hace unos días, se puso en marcha la operación llamada “Emmanuel” con el fin de pactar con los terroristas la liberación de los tres rehenes. Una comitiva de garantes internacionales se situaron en Villavicencio aguardando las órdenes de Chávez, a quien supuestamente los guerrilleros le indicarían “las coordenadas” donde se encontraban los secuestrados para ser liberados. A los garantes y a una abundante cantidad de periodistas, se sumó la “estelar” presencia del director de cine Oliver Stone quien tuvo la increíble impunidad de afirmar que: “(las FARC) me parecen un ejército campesino que lucha por un modo decente de vivir”. ¡Vaya que el cineasta posee un claro concepto de lo que significa la decencia! . Con semejante afirmación podríamos deducir el calibre del “documental sobre Latinoamérica” que tiene planeado filmar.
Mientras todo esto sucedía, los familiares de los secuestrados, mostrando un temple de acero, terminaban de desangrarse por dentro y mostraban aún esperanzas. ¡Que más podían hacer!
El operativo tuvo un punto final frustrado luego de innumerables idas y vueltas. Las esperadas “coordenadas” nunca fueron indicadas y todo terminó en una catarata de imputaciones de Chávez contra el presidente Uribe calificándolo de “mentiroso”, repitiendo que el operativo de rescate se continuará “por otras vías” y dando credibilidad a las versiones de los guerrilleros.
Aún si los rehenes hubieran sido rescatados, queda claro que no se pueden esperar buenos frutos de un árbol podrido. Ni Chávez, ni las FARC dan “puntada sin hilo”.
¿Quien pretende que el dictador venezolano actúe con la transparencia del hombre digno y honesto? ¿Quien puede creer en la palabra de miembros de una fuerza que lo único que desea es instaurar la violencia asesinando y secuestrando personas? Indudablemente la situación del terrorismo en Colombia resulta sumamente dramática, pero no se puede pretender de ninguna manera que quienes alientan y provocan una feroz violencia se conviertan en blancas palomas de la paz.
Como dice la frase: “No es posible pactar con las dificultades. O las vencemos. O nos vencen”.
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