Una peligrosa infección
Por Rodrigo Castillo Del Carmen
Prensa Libre
La patología del virus de la dictadura bolivariana ya está definida. Primero cambia las reglas del juego político y después, con las nuevas reglas, desarrolla una aparente revolución democrática, porque resulta conforme a la ley. No viola ningún derecho, porque “legalmente” desaparecen los derechos.
Los lamentables disturbios en la ciudad boliviana de Sucre, desatados en torno de la protesta contra la hechiza constituyente de Evo Morales, son un presagio al referendo constitucional que se realizará pasado mañana en Venezuela, que ha sido precedido por violentos enfrentamientos entre opositores y partidarios de un cada día más satánico Hugo Chávez, quien ha llegado al colmo de prohibir todo debate sobre aquello que se habrá de votar; en otras palabras, “limosnero y con garrote”.
Venezuela y Bolivia son dos manifestaciones del mismo virus, del que también ha sido contagiado Ecuador, en donde, como por arte de magia, Rafael Correa también ha sacado del mandato electoral para una legislatura ordinaria, supuestos poderes para cambiar la Constitución de su país.
Hugo Chávez se considera el heredero universal del patrimonio ideológico castrista, que durante 40 años ha intentado infructuosamente colocar a los indígenas americanos donde el modelo soviético ponía al proletariado como agente del cambio histórico.
El comandante de La Habana, cuyo anóxico cerebro exacerba en la senilidad su enmascarada demencia, hizo partícipe de sus reflexiones autocríticas a su no menos demente pupilo bolivariano. Primero, debía cambiar la Constitución sin consensos. Lo que conviene a la apariencia democrática de un régimen esencialmente antidemocrático. Lo propio de una dictadura que, aunque vestida de seda, dictadura se queda.
Desde hace más de 30 años, Latinoamérica viene librando una lucha cívica tenaz por mantener sus procesos de cambio desde la dictadura hacia la democracia. Así sucedió, hasta que Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela.
Pero los venezolanos olvidaron el principio que dice: “La cabra tira al monte”. Con el proyecto compartido del cambio constitucional en Venezuela, Bolivia y Ecuador, las transiciones latinoamericanas comienzan a dejar de ser de la dictadura a la democracia, para pasar de la democracia a la dictadura.
Nicaragua ya se reinfectó con Ortega, hijo putativo de Castro. Latinoamérica necesita con urgencia una vacuna eficaz para no perder la libertad y la democrática.
Píldora de humor.
-Durante el coma postoperatorio, Fidel Castro recobra la conciencia y al verse rodeado por los miembros del Gabinete, exclama:
-¿Quiénes son estos imbéciles? El médico dice:
-Qué bien, está recobrando la lucidez.
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