Los jóvenes de Caracas protestan contra Chávez con Stalin a la cabeza
Por John Lyons y José de Córdoba
The Wall Street Journal
CARACAS — El mayor obstáculo al “Socialismo del Siglo 21” que el presidente venezolano Hugo Chávez quiere llevar adelante es un ejército pacífico de estudiantes liderados por un izquierdista llamado Stalin.
Iván Stalin González, que prefiere que lo llamen simplemente Stalin, es el secretario general de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la universidad pública más grande del país. En las últimas semanas, González y otros líderes universitarios han organizado masivas marchas de protesta para oponerse a un referéndum constitucional planeado para el 2 de diciembre. Los cambios que se proponen en el plebiscito expandirían enormemente el poder de Chávez, permitiéndole perpetuarse en el poder. “Históricamente, los estudiantes han representado la esperanza y la conciencia de Venezuela”, dice González.
El movimiento estudiantil ha tomado al gobierno por sorpresa. Y esto es una amarga ironía para Chávez, ya que los estudiantes universitarios, que tanto en Venezuela como en el resto de América Latina suelen ser un bastión de la izquierda, se oponen a él. Junto a la Iglesia Católica, los estudiantes forman la última gran oposición a Chávez, que ya controla el Congreso, los tribunales, el ejército y gran parte de los medios de comunicación.
Elia López, una estudiante de arquitectura de la UCV de 22 años, teme que para el momento en que ella diseñe edificios el único cliente será el Estado, limitando así su creatividad. “Imagínate que estudias algo creativo y que, de repente (…) sólo lo puedes ser si tus ideas son las mimas que las del gobierno”.
Este tipo de temor es prácticamente universal entre los universitarios venezolanos, sean estudiantes de sociología, odontología o leyes. En una elección estudiantil en un campus de la UCV a mediados de noviembre, que estuvo en la primera plana de la prensa, los estudiantes anti Chávez obtuvieron 91% de los votos, mientras que sus partidarios sólo reunieron 9%.
Desde siempre, estudiantes como González han ejercido una influencia importante en la turbulenta política latinoamericana. Sin ir más lejos, Fidel Castro, el idolatrado mentor de Chávez, comenzó como líder universitario en la Cuba de los años 50.
La UCV tiene un lugar clave en la historia política de Venezuela. Una huelga universitaria que comenzó ahí en 1957 llevó, al final, a la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez. Medio siglo después, muchos venezolanos esperan que la UCV se convierta en el Stalingrado de Chávez. “Las luchas estudiantiles siempre han precedido a los grandes cambios históricos”, afirma Fernando Ochoa, un ex ministro de Defensa que fue encarcelado por su participación como estudiante secundario en la huelga de 1957.
El sentimiento anti Chávez en las universidades venezolanas estalló en mayo, cuando el gobierno sacó del aire al opositor canal de televisión RCTV. Esto tomó por desprevenido a Chávez, quien ha tildado a los estudiantes de “terroristas” o peyorativamente de “hijitos de papá” y “niños ricos”. En la UCV, que no cobra matrícula, hay estudiantes de toda clase, desde hijos de famosos empresarios a hijos de taxistas.
Además, la descripción de Chávez no le cabe muy bien a González. Este estudiante de leyes de 27 años se crió en un hogar pobre que soñaba con una Venezuela comunista. Su padre, un operador de imprenta, era un miembro de alto rango de Bandera Roja, un grupo marxista-leninista de línea dura. Sus miembros idolatraban a José Stalin así como al albanés Enver Hoxha. González recuerda que de niño iba a marchas junto a sus hermanas Dolores Engels e Ilyich, cuyo nombre hace honor a Vladimir Ilyich Lenin. De joven, González siguió los pasos de su padre y se unió a Bandera Roja, que hasta mediados de los años 90 aún justificaba la violencia armada como forma de lucha.
González todavía era adolescente cuando Chávez asumió el poder en 1998. Incluso entonces, dice González, era escéptico respecto de las políticas socialistas de este ex teniente coronel. Pensaba que Chávez iba a ser más autoritario que igualitario.
Pese a toda su decepción con el chavismo, González aún admira a sus héroes revolucionarios. Tiene una copia autografiada de un discurso de siete horas que Fidel Castro dio en la universidad hace unos años. “Nunca me aburrí”, afirma.
Y tampoco ha roto con el personaje al cual le debe su segundo nombre. “Desde luego están los asesinatos y la represión”, dice. Pero Stalin derrotó a Hitler y, dice González, propagó ideas de justicia que han inspirado a la izquierda durante décadas
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