La lectura a temprana edad
Por Patricia Prieto
La Opinión, Los Angeles
Numerosos estudios demuestran que los niños que aprenden a leer desde temprana edad tienen mejor vocabulario, comprensión de lectura y desarrollo verbal. Asimismo, tienden a tener una mejor preparación académica y concluir sus estudios.
Sin embargo, de acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, cada año el 35% de los menores de Estados Unidos que empiezan el kindergarten no tienen las habilidades de lenguaje necesarias para aprender a leer.
Por ello, el programa First 5 LA (que busca mejorar la salud y calidad de vida de los menores del condado de Los Ángeles) emprendió desde comienzos de este mes la campaña Lean a Temprana Edad. Lean en Voz Alta, que busca concientizar a los padres de familia acerca de la necesidad de adoptar un papel activo en el desarrollo de la habilidad de la lectura en sus hijos desde que nacen.
“La lectura en voz alta prepara a los niños para tener éxito en la escuela y fomenta un amor hacia los libros”, informa Corina Villaraigosa, portavoz de la mencionada campaña, que también aconseja incluir libros en su lista de regalos de Navidad.
“Queremos alcanzar a los padres de habla hispana, ya que los estudios señalan que existe una brecha en el nivel de lectura entre los niños latinos y aquellos que no lo son, desde los primeros grados de primaria”, dice Michael López, director ejecutivo del Centro de Investigación Nacional sobre Familias y Niños Latinos.
Según el investigador, aunque los padres latinos realizan numerosos sacrificios para que sus hijos alcancen el éxito académico, no participan en la tarea de ser los primeros maestros de lectura en sus hijos. Esto, dice López, se debe a los siguientes factores:
Muchos padres latinos tienen un nivel académico bajo, o no saben leer ni escribir en su idioma natal.
Muchos no hablan o dominan completamente el inglés.
Existe poco material de lectura en español (libros, videocasetes, etc.) en librerías y bibliotecas públicas.
En muchos hogares latinos de esta nación, los padres leen menos que los de otros grupos étnicos.
Muchos padres que no tienen el hábito de la lectura no se toman el tiempo de contar historias a sus hijos durante sus primeros años de vida, algo que los ayudaría a desarrollar la imaginación y la expresión verbal.
Además de estos factores, los estudios han identificado que los padres latinos siempre tienen las siguientes excusas cuando se les preguntan por qué no pueden ser maestros partícipes en la enseñanza de la lectura de sus niños:
No tengo tiempo.
No sé leer ni escribir.
No hablo inglés, sólo puedo leer en español.
No tengo dinero para comprar libros.
A él no le gusta que le lea y se cansa cuando le estoy leyendo.
La preparación académica de mi hijo le corresponde a la escuela.
Corina Villaraigosa, quien también es profesora de escuelas primarias y secundarias en el área de Los Ángeles, explica que cada una de estas excusas tiene una solución.
Excusa del tiempo: se puede buscar dentro de la misma familia a una persona que se encargue de leerle al niño diariamente por unos pocos minutos y preguntarle acerca de los que leyó.
Excusa de no saber leer ni escribir: Villaraigosa dice que los padres tienen la opción de contar verbalmente al menor algún cuento popular de su país o alguna historia de su infancia o familia. “Este ejercicio estimulará la imaginación del niño, e incluso los padres pueden sólo practicar con el niño el juego de inventar historias. Este juego se inicia con esta sencilla oración: “Había una vez una niña (o niño) que corría por el campo y… ¿qué crees que pasó?”.
Otra alternativa, dice, es usar un lib ro de imágenes e inventar con el niño alguna historia que describa lo que están viendo en cada una de sus páginas. También pueden comprar libros que vienen con casetes.
Excusa de no saber inglés: la solución es leer al niño en español.
“No importa en qué idioma se le lea al menor”, señala Villaraigosa, “Lo importante es leerle a los hijos y en voz alta. También es importante hacerles preguntas sobre lo que se leyó para que ellos vayan desarrollando su capacidad de compresión de lectura y estar atentos a lo que se está leyendo”.
Excusa de no tener dinero para comprar libros: inscríbase en cualquier biblioteca pública. de la ciudad o del condado para sacar libros.
“Lo importante en este caso es que sean disciplinados y se tomen el tiempo para llevar al menor a la biblioteca para leerle allí o seleccionar los libros de su interés”, puntualiza Villaraigosa.
Excusa de que al niño no le gusta que se le lea y se cansa mucho: léale al niño por períodos de tiempo muy cortos. Es decir, en vez de leerle 25 ó 30 minutos de recorrido, se puede dividir el tiempo en unos minutos en la mañana, mediodía y noche.
Excusa de que la preparación académica le corresponde a la escuela, la instructora resalta que esta opinión (que es muy común en los padres latinos de baja preparación académica) es errónea, ya que los padres de familia son y deben ser los primeros maestros de los hijos. “Desde que nace el niño, los padres, sin importar su nivel académico, pueden prepararlo para su entrada a un preescolar al enseñarle su nombre, apellido y edad; los números y abecedario (no importa en qué idioma); identificar los colores primos y las figuras geográficas en las cosas que le rodean”, comenta Villaraigosa.
Léale por lo menos 30 minutos todos los días.
Intente leer unos cuantos minutos a la vez, ya que los niños tienden a sentarse sólo por un tiempo corto para escuchar un cuento.
Dele vida a los cuentos; invente voces para los personajes o cante acerca de los dibujos.
Pregúntele acerca del cuento y deje que el menor también haga preguntas.
Escoja libros de acuerdo con la edad. Simples y coloridos de tela o vinilo, para los bebés y libros con rimas y repeticiones para la edad preescolar.
– Léale por lo menos 30 minutos todos los días.
– Intente leer unos cuantos minutos a la vez, ya que los niños tienden a sentarse solo un corto tiempo para escuchar un cuento.
– Dele vida a los cuentos; inventa voces para los personajes o canta acerca de los dibujos.
– Pregúntele acerca del cuento y deja que el menor también haga preguntas.
– Escoja libros de acuerdo a la edad. Simples y coloridos de tela o vinilo, para los bebés y libros con rimas y repeticiones para la edad preescolar.
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