Bolivia y Estados Unidos: una telenovela
Por Fernando Molina
Infolatam
La Paz – Hasta ahora el público, como era de esperar, aplaude al galán, que es pobre y parece honesto aunque también se pinte un poco excéntrico, algo así como “Pedro el Escamoso”, protagonista de un famoso culebrón colombiano. Tan extraño es don Evo que tomó a un estadounidense demente, que hace meses puso una bomba en un alojamiento de putas, como un enviado de la CIA. Y confundió el error de un funcionario de la embajada, quien tuvo la “atinada” ocurrencia de encargar una caja de balas a una amiga que venía de su país, con el inicio de una importación de armamento en gran escala destinado a derribar a su gobierno. Y que ahora último, a raíz de algunos incidentes aeroportuarios en su viaje a la Asamblea de la ONU, los cuales sobrepasaron la humildad que según los antropólogos es consustancial a un indígena, propuso, al borde de la ignición por furia, que la sede del organismo multinacional saliera de los Estados Unidos.
También ha habido un par de incidentes más serios en esta relación entre trágica y bufa en la que abunda el ingenio verbal (el embajador Goldberg acaba de decir que no le extrañaría que el gobierno boliviano quisiera cambiar la sede de Disneylandia) y escasea la diplomacia con todo su aburrimiento tradicional (y hasta se llega a extrañarla).
Hace algunas semanas el gobierno arremetió contra USAID, la agencia de cooperación de los Estados Unidos, acusándola de realizar actividades políticas, conspirativas, en contra suya, y de contratar a los ex funcionarios de los gobiernos del pasado, a los cuales enumeró. La Embajada respondió que el principal responsable de la denuncia, el Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, era uno de los felices beneficiarios de la ayuda norteamericana. Después el gobierno se desdijo parcialmente y, aunque el affaire le sirvió para desprestigiar a los profesionales críticos que trabajaban en proyectos de USAID (a los cuales nadie defendió, como era de esperar), todo quedó en agua de borrajas.
El asunto verdaderamente serio, empero, es la relación de Morales con Chávez, que trae a esta telenovela el infaltable triángulo, y que, en un alarde de innovación televisiva, pronto se ha convertido en un “cuadrado amoroso”, con la inclusión de Irán, país con el que Bolivia acaba de restablecer relaciones y cuyo presidente, Mahmud Ahmadinejad, visitó La Paz el 27 de septiembre por unas horas.
Frente a ello, la oposición ha recordado la clase de país que es Irán, cuyo gobierno islamista tiene controversias con Estados Unidos que más que a una telenovela pertenecen a una película bélica. La argumentación de la oposición boliviana, sin embargo, no se aplicaba del todo a las relaciones diplomáticas, las cuales como sabemos no son de principio sino de conveniencia. (Y, además, exageraba la importancia de Bolivia, tan pequeña, para los planes iraníes).
La diplomacia es conveniencia, pero, por supuesto, hay conveniencias que son del gobierno y otras que son del país, así como conveniencias de corto y de largo plazo. A corto plazo, y desde una perspectiva estrechamente oficialista, está claro que ninguna telenovela avanza sin percances, cuernos y amenazas de divorcio, aunque al final todo termine en besitos. Morales lo sabe muy bien y está dispuesto a sacarle todo el partido posible a este manido argumento, del que además ha medrado la inmensa mayoría de los políticos latinoamericanos durante generaciones, por lo menos desde la invasión norteamericana a Cuba, en el siglo XIX.
El gobierno boliviano dice que ejerce la “diplomacia de los pueblos”, pero en realidad la suya es “la diplomacia de los símbolos”. Y nada es más simbólico, es decir, más útil para aparecer como el bueno del cuento, que un enfrentamiento continuo y por cualquier motivo con la señora estirada, cargada de desinterés, educada en ideas anticuadas, rica pero sin cuerpo, poderosa pero sin ganas de pelear, de nariz aguda y voz chirriante que, en este episodio, la mayoría identifica como la villana.
Al fin y al cabo, ¿qué es más fácil, barato y rentable que ser antinorteamericano en Latinoamérica hoy? Los raitings son altos, las royalties gratuitas, la crítica generosa y, encima, uno se vuelve candidato a algún premio europeo…
Claro que si pensamos en las conveniencias del país, en el largo plazo… entonces las cosas ya no son tan sencillas. Algunos diplomáticos piensan que traerse el problema islamista a casa es una chambonada de la que a la larga los bolivianos nos arrepentiremos. El asunto arde, y todos los que son sensatos procuran mantenerse lo más lejos posible de él. Pues es verdad que la vieja USA será todo lo burguesa que se quiera, pero cuando se trata de islamistas se pone un poquitín alterada… Y manejar un matamoscas, por supuesto que todavía puede.
- 28 de septiembre, 2026
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