¡Yo también quiero ir a Cuba!
Con el simple objeto de recaudar dolares para la tiranía castrista (y de
paso hacer un dinerillo, no importa que este manchado con la sangre de
nuestro pueblo) hay varios individuos que en los ultimos años han convencido
a algunos compatriotas a visitar a la Cuba de Castro. Acompañando, la mayor
parte de las veces, a los grupos turísticos, muchos de los cuales formados
por los remanentes comunistas y simpatizantes del tirano de nuestro pueblo.
Los que aceptan, se justifican diciendo que «van a ver al pariente enfermo».
¿Por que no traen ese «pariente enfermo», aunque sea de visita para que se
cure?, ¿Porque en lugar de darle esos dolares al régimen y a sus cómplices
no les envían las medicinas que necesitan?
Otros utilizaron el viaje del Papa. De pronto les surge un fervor religioso
nunca antes sentido. No fueron a ver al Papa durante sus visitas en Estados
Unidos y nunca han ido a Roma, pero «tuvieron que ir a ver al Papa a Cuba» y
de paso llevarle unos cuantos dolares al tirano. Y despues de la visita del
Papa? Cuando les pides que no viajen a Cuba, que no les lleven dolares al
tirano, con cara agresiva te dicen «Si el Papa fue, porque no debo ir yo?»
Pero, para que engañarnos… ¡YO TAMBIÉN QUIERO IR A CUBA!
Pero yo quiero ir de regreso. Con dignidad. Y, para mi, la hora del regreso
aun no ha llegado. ¿Han cambiado las circunstancias que nos hicieron tomar
la dolorosa decisión de traer a nuestra familias a tierras extranjeras? ¿Han
cambiado las condiciones que nos obligaron a privar a nuestros hijos y
nietos el alegrar sus oídos con el cantar de nuestros pájaros, saborear las
deliciosas frutas de nuestro Paraíso tropical, disfrutar en sus cuerpos la
deliciosa caricia de las olas de nuestro mar?
Si las circunstancias no han cambiado y al contrario, han empeorado, ¿
porque estas visitas ahora? ¿ Estas «ansias» de ver ahora, cuando el tirano
necesita nuestros dolares, al familiar que que tuvieron que dejar atras al
salir? ¿ Para que estos 20, 30 o mas años de privación de nuestro cielo,
bello hasta cuando es gris y nos quitaba el polvo y el sudor en medio de un
juego de pelota, con una lluvia tibia y limpia. verdadera agua bendita para
nuestro cuerpo y nuestra tierra? Yo también quiero volver. Ya tengo 66 años.
Seria CASI capaz de vender mi alma al diablo por poder recorrer, aunque
fuese una sola vez, las calles de mi niñez y de mi juventud. ¡Ah, que no
daría yo para volver a caminar, paso a paso, por las calles en que jugué de
niño! Los parques donde patiné y monté en bicicleta, e hice mis primeros
pininos románticos. Volver a visitar las barriadas, donde a escondidas, hice
alguna que otra promesa amorosa que nunca cumpliría. ¡Darle un último abrazo
a los amigos que estén vivos todavía!
¡Cuanto quisiera acariciar, para revivir en mi mente momentos de
inconmensurable felicidad, la baranda del portal a través de la cual di el
primer beso a la que ha permanecido a mi lado durante mas de cuarenta y
cuatro años! ¡Como se desgarra mi alma al no poder recorrer, cogidos ambos
de la mano, los lugares donde alimentamos nuestros sueños románticos!
¡Nuestros anhelos truncados, casi al nacer, por el desastre que acabo con
nuestra patria y nuestro pueblo!
Volver a ver, aunque sea por ultima vez, como se pone el sol en nuestras
playas; hundiendose en un mar que se va transformando hasta tener el color
del oro y convertirse al final en un rojo purpura, mientras arriba, unas
nubes que no he vuelto a ver en ninguna parte de la tierra, también van
cambiado desde el blanco, hasta el rosado, llegando a tener unos colores
tornasolados que solo se ven en los arco iris, después de una fuerte lluvia
tropical.
Si, ¡yo también quiero volver! Pero…. ¿ volver a sufrir, aunque sea por
pocos días, el dolor multiplicado que ya padecí antes de salir? Multiplicado
ese dolor con la visión de niños mendigos y pedigüeños que no dejé cuando
salí. Multiplicado igualmente por la insistencia de jovencitas, que pudiendo
ser mis nietas, tratan de provocarme sexualmente para que me acueste con
ellas por un par de zapatos, un pantalón pitusa o siquiera un plato de
comida. Insoportable seria el sufrimiento que padecería mi alma al comparar
la abundancia de manjares donde comerían «mis compañeros turísticos», con
tanta indignidad, tanta miseria, tanta hambre, tanto dolor físico y
espiritual, y que yo, comprendiendolo, no podría aliviar en los mas mínimo.
Al contrario, en muchos casos mi presencia aumentaría ese dolor. Me gastaría
hasta lo que no tengo al comprarles una comida decente. Carne, queso, jamón,
arroz, frijoles, pescado. Tendríamos un festín durante unos días. Y cuando
me fuese… ¿Que? Para ellos el contraste seria aun mas cruel que antes de
mi visita. La miseria y el hambre serian sentidos con mayor fuerza, después
de haberle recordado al cuerpo la existencia de esos alimentos. ¿Y el dolor
de la despedida….? ¡OTRA VEZ!, seria aun mas desgarrador que el anterior,
años, décadas, atrás. ¡Seria similar al del que se despide, a través de las
rejas de una cárcel, de un familiar querido condenado a muerte o a cadena
perpetua que no sabemos si lo volveremos a ver! ¡Como la primera vez! Pero
sin la dignidad con que nos fuimos la vez anterior. ¿Sufrir todo esto otra
vez y ademas ayudar a fortalecer al causante de todo ese dolor? Esto es algo
que no puedo comprender ni tolerar.
Y ¿Que de los amos y sus secuaces? Después de las humillaciones y vejaciones
sin límites sufridas durante la larga espera de nuestra salida anterior,
ahora tendría que soportar las sonrisas irónicas y sardónicas de los que,
cruel e impunemente, saciaron su frustración conmigo. Después de salir con
el orgullo del hombre libre, del patriota martiano, del anticomunista, hoy
volvería «gracias a la generosidad de la revolución» a llevarle los dolares
necesarios para mantenerse en el poder. Y cuando llegase a la calle donde
vive el familiar que has ido a visitar, te sale al encuentro la gente del
CDR, que con sonrisas de ramera exclaman : «¡Pero que bien estas! ¿Que me
trajiste?» Esa misma persona que, desde que solicitaste la salida del país,
o mientras estuviste preso, o en la agricultura, le gritaba en las colas a
tu mujer y a tus hijos y a lo mejor hasta tu madre: «¡Fuera los gusanos de
la cola!». «Que vayan a buscar al Norte el pan (o los huevos, o los
chicharos, o los spaghettis)». «La comida debe ser solo para el pueblo
revolucionario». «¡Fuera! ¡Que se vayan de la cola!». Y estas y otras
ignominias, día tras día, semana tras semana y en la mayor parte de los
casos, ¡AÑOS TRAS AÑOS!
Y estas, solo eran las humillaciones de los que quedaban en la casa. Si
quisiera enumerar los golpes, los abusos, los insultos, las vejaciones y el
millón de cosas que se tuvo que sufrir en la cárcel o en la granja mientras
llegaba la salida legal de aquel infierno, no alcanzarían estas paginas.
¿Como soportar con una sonrisa el recibimiento de estas alimañas? Y, ¿Que de
los agentes de la Seguridad del Estado y de Inmigración que les hicieron a
todos la vida imposible, durante las gestiones de sálida? Al regresar ahora
de visita, no «gracias a la generosidad» sino a la necesidad de los dolares
de la revolución, tienes que devolver la sonrisa a esos mismos genízaros.
Una sonrisa en la cual te están enviando un mensaje que dice: «Ya ves que
volviste. Yo sabia que no tenias dignidad. Que siempre fuiste un misero
gusano que ahora nos vienes a lamer la mano y ademas a darnos los dolares
que necesitamos».
Si, yo también quiero volver. Pero no estoy dispuesto a pagar este precio.
Yo quiero volver, pero cuando llegue el momento. Por mi, por los que han
sido masacrados tratando de combatir por la libertad de su pueblo o
simplemente por huir clandestinamente al cerrarsele todas las puertas. ¿Que
falta de moral podría tener yo, al llevarle al tirano unos cuantos dolares y
aguantar todas las ignominias que he mencionado, mientras tantos y tantos
pierden a sus hijos y a sus familias tratando de escapar, como los infelices
del remolcador «13 de Marzo»? Y tampoco puedo olvidar a tantos amigos que
han sido enterrados contra su voluntad en esta tierra, que aunque generosa
no es la suya.
Y para terminar. ¿Que de mis hijos y de mis nietos? ¡Que confusión mental
les provocaría! Desde que nacieron han estado oyendo lo inhumano,
incivilizado, inescrupuloso y criminal que es el gobierno que tiraniza a
nuestro pueblo! Han oído muchas veces las razones que tuvimos para dejar a
nuestra patria. Según fueron creciendo, en actividades de nuestros pequeños
clubes y sociedades, han visto cuanto queremos a nuestra patria y cuanto
odiamos al tirano y la esclavitud en que ha sumido a nuestro pueblo. En los
actos patrióticos han ido conociendo, paso a paso, año tras año, de la
crueldad del régimen castrista. Si después de este convencimiento, ven que
voy alegre y feliz a visitarlo «para llevarle unas cosas a la familia»,
significaría que les he estado mintiendo durante todos estos años. Mis
propios hijos y nietos me despreciarían. Por mentiroso o por traidor a los
principios patrios que trate de inculcarles. Por engañarlos o por
complicidad con el régimen tiránico.
Si, yo quiero, e iré a mi tierra. Pero cuando llegue el momento. ¡¡ CON
DIGNIDAD!!!
JLF
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