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La búsqueda de una nueva Tierra del Libre tecnológica
14/2/2014
Mary L. G. Theroux

La injerencia gubernamental está ocasionando que prominentes líderes de Silicon Valley busquen literalmente nuevas fronteras donde la innovación pueda florecer. El fundador de PayPal, Peter Thiel, por ejemplo, está financiando colonias marinas artificiales (conocidas en inglés como “seasteadings”). El concepto no es nuevo y los innovadores pueden encontrar un valioso estudio de caso en la efímera República de Minerva.

Como queda revelado por primera vez en el libro de reciente aparición “Willard Garvey: An Epic Life” (“Willard Garvey: Una vida épica”), Minerva fue la creación del desarrollador internacional Willard Garvey, el pionero inversor global John Templeton y el empresario y diseñador de yates Seth Atwood. Al igual que los líderes de la alta tecnología en el Silicon Valley de hoy, los tres amigos advirtieron los nocivos efectos de los gobiernos que sofocan las oportunidades y soñaron con un ambiente alternativo donde los derechos individuales fuesen respetados y la iniciativa empresarial pudiese prosperar sin cesar. Emprendieron la tarea de encontrar alguna propiedad sin reclamar bien fuera de los límites territoriales de cualquier país.

En 1970, Atwood identificó los arrecifes de Minerva, a 260 millas (418 kilómetros) de Tonga, y a 450 millas (724 kilómetros) de Fiji. Los tres acordaron que mantendrían el proyecto en secreto, y Garvey contactó a Michael Oliver, quien había estado involucrado en anteriores esfuerzos de crear un nuevo país. Oliver se puso a la cabeza del proyecto, con Garvey, Templeton, y Atwood financiando los esfuerzos, incluida la compra de un buque de dragado para construir una masa de tierra permanente que pudiera albergar a 25.000 habitantes.

Desafortunadamente, Oliver demostró ser mucho menos reservado que sus patrocinadores, y a principios de 1972, a pesar de aún no haber establecido un punto de apoyo habitable, presentó una “Declaración de Soberanía” ante el Departamento de Estado de los EE.UU.. Según informaba The New York Times, al mes siguiente, Tonga—algunos piensan que a instancias del Departamento de Estado estadounidense—reclamó los arrecifes.

La soberanía, por supuesto, sigue siendo el obstáculo para cualquier intento de establecer una nueva nación, y el “Premio Poseidón” que concede el Seasteading Institute, ofrecido para la primera colonia marítima establecida, incluye con razón la autonomía política de facto como un parámetro para su otorgamiento. Sin embargo, difícilmente haga al interés de las naciones establecidas del mundo otorgar el reconocimiento a un nuevo país que se erija para competir por los emprendedores y contribuyentes del mundo.

Garvey y sus socios abandonaron Minerva y por el resto de sus vidas dedicaron considerable energía a esfuerzos que pudiesen establecer los principios y la práctica de la libertad, los mercados libres y los derechos individuales en los Estados Unidos y en otras partes.

Garvey apoyó a grupos a favor de la libertad como el Independent Institute, creó el National Center for Privatization (Centro Nacional para la Privatización), y participó en una campaña sin fin para la construcción del reconocimiento y el apoyo a los sistemas de gobierno que mejoren las oportunidades en la escena local, nacional e internacional. Templeton creó su propia fundación, la cual continúa liderando el progreso de la libertad y la libre empresa.

Tanto Garvey como Templeton y Atwood vivieron para ver los notables resultados de la caída del Muro de Berlín, y deben haberse sentido reivindicados por el éxito en el mundo real de los países que adoptaron las ideas que ellos respaldaron. Consideremos, por ejemplo, a la antigua colonia soviética de Estonia. Liberada al fin del control de Moscú, Estonia adoptó el libre comercio, un impuesto de tasa única baja, una moneda sólida y las privatizaciiones, lo que resultó en una de las sociedades más libres y una de las economías de más rápido crecimiento de finales del siglo 20. Apenas veinte años más tarde, The Economist llama a Estonia “un líder mundial en tecnología”.

En los Estados Unidos, por su parte, el gobierno está de manera creciente colonizando Silicon Valley con un oneroso régimen normativo. Agencias de vigilancia llevan a cabo vastas redadas de los datos de los clientes, la FTC (Sigla en inglés para la Federal Trade Comission o Comisión Federal de Comercio) acosa a Apple con directivas, y el gobierno restringe la contratación de talentos nacidos en el extranjero. Y así sucesivamente.

Es por eso que Larry Page de Google propone la creación de “un pedazo del mundo” donde las nuevas ideas pueden ser probadas en ausencia de leyes anticuadas. Es por eso que el capitalista de riesgo Tim Draper está respaldando una iniciativa electoral para dividir a California en seis estados, incluyendo un “Silicon Valley” autónomo. Y es por eso que el fundador de PayPal Peter Thiel se encuentra financiando colonias marinas artificiales.

Algo puede resultar de todo ello, pero estos decididos emprendedores tienen otras opciones. Pueden aprender del experimento de Minerva de Willard Garvey. Y el historial de Estonia es un argumento a favor de canalizar apoyo hacia la creación de demanda a favor de una economía libre dentro del país en vez de una nueva economía en otras partes.

Traducido por Gabriel Gasave


Mary L. G. Theroux es Vicepresidenta Senior de The Independent Institute.




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