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Dándonos de bruces contra un muro en Palestina
4/11/2009
Ivan Eland

En la cara de un indignado mundo árabe, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton dio marcha atrás en su felicitación a Israel por la mera promesa de limitar la construcción de asentamientos en la Cisjordania ocupada. Previamente, el Presidente Barack Obama, que al principio pareció ser mucho más amistoso con la causa palestina y árabe que George W. Bush, le expresó a Israel que "Es hora de que los asentamientos se detengan". La posición anterior del presidente reforzó la de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales: Un acuerdo de este tipo celebrado por el ocupante de un territorio cualquiera que fue conquistado en una guerra es contrario al derecho internacional. La cháchara estadounidense demuestra que a pesar de que Obama pasó su juventud en un país musulmán y tiene una mayor sensibilidad por las inquietudes islámicas que su predecesor, es probable que siempre se vea forzado por las consideraciones políticas internas a regresar a casa a la nave nodriza del lobby israelí.

El conflicto en Palestina se inició en la década de 1920 y fue causado por la inmigración judía, a partir de finales de 1800, a un territorio que no habían poblado en gran número desde el Imperio Romano. Para ganar el apoyo árabe contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña, tratando de ampliar su imperio, cínicamente prometió la independencia de los árabes en la posguerra, la que no fue concedida. Luego, para ganar el apoyo de los Estados Unidos y la minoría judía a favor del esfuerzo bélico británico, Gran Bretaña emitió la Declaración Balfour en 1917, que prometía a los judíos una patria (no un Estado). Después de haberle prometido la misma tierra a dos pueblos, Gran Bretaña planeó retirarse de Palestina. En 1947, la ONU votó la partición de Palestina, pero otorgó a los judíos-que sólo poseían el 6 por ciento de Palestina-la friolera del 56 por ciento de la tierra.

A causa de ello, los palestinos y judíos combatieron, y los países árabes vecinos atacaron a Israel cuando provocativamente se declaró un Estado en 1948. Después de esta rebelión y guerra, en la que los israelíes, militarmente más fuertes, limpiaron étnicamente de manera brutal a los palestinos de sus tierras, los judíos fueron dueños en Palestina de incluso más de lo que la ONU les había concedido, llegando a más del 70 por ciento del territorio. Luego vino la guerra de 1967, la que añadió la ocupación israelí de Gaza, el Sinaí, los Altos del Golán y la Ribera Occidental (Cisjordania). Los israelíes se han retirado de Gaza y el Sinaí, pero no de los Altos del Golán ni de la Ribera Occidental. Considerando que la posesión es diecinueveava partes de la ley, los israelíes comenzaron a establecerse en los ocupados Altos del Golán y Cisjordania. Actualmente, hay 280.000 judíos en 121 asentamientos en la Ribera Occidental y 190.000 en Jerusalén oriental.

En Cisjordania, los israelíes han ubicado sus asentamientos de manera estratégica—inclusive a lo largo del valle del río Jordán, que forma la frontera de Cisjordania más alejada de Israel y a la cual Israel desea controlar después de algún acuerdo.

Es probable que Israel finalmente resuelva el problema concediéndoles a los palestinos alguna especie de Estado—ya sea por un acuerdo negociado o una retirada unilateral de Cisjordania (similar al enfoque que adoptó en Gaza). La razón: la población árabe en la Ribera Occidental y el propio Israel está creciendo tan rápido que si Israel no resuelve la situación en Cisjordania, probablemente perderá su identidad judía democrática con la institución de un apartheid y el gobierno de una minoría al estilo de Sudáfrica. No obstante, esto probablemente no va a acontecer hasta dentro de un tiempo, porque Israel quiere adquirir tanta tierra palestina estratégica como pueda a través de los asentamientos en Cisjordania antes que llegue el momento en que los judíos se conviertan en una minoría en Israel y la Ribera Occidental.

¿Dónde deja esto a los Estados Unidos? La cháchara de la administración Obama, traicionando a las abrumadoramente profundas fuerzas políticas internas que apoyan a Israel, ha socavado gravemente cualquier estatus percibido que tenían los EE.UU. como un mediador honesto en las ya encolerizadas a perpetuidad negociaciones israelí-palestinas. Debido a que los Estados Unidos no pueden ser un moderador neutral, deberían cederle ese rol a otros—Gran Bretaña sería ideal, ya que causó el problema en primer lugar—y abandonar la escena. Después de todo, Palestina difícilmente sea estratégica para la seguridad de los EE.UU..

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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