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El 100º aniversario de la NAACP: Explotando el color en vez de suprimirlo
12/2/2009
Jonathan J. Bean

George Orwell escribió la famosa frase que reza “quien controla el pasado controla el futuro: quién controla el presente controla el pasado”. Mientras la National Association for the Advancement of Colored People (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color conocida por sus siglas inglesas NAACP) celebra su centenario, sus dirigentes presentan un pasado que cuadra con sus actual posición sobre las preferencias raciales, el bienestar y un monopolio de la escuela pública que atrapa a los niños pobres en escuelas fallidas.

Pero ese no es el pasado de la NAACP. Los logros históricos de la NAACP—prácticamente olvidados por la mayor parte de los estadounidenses—derivaron de una apasionada dedicación a la no distinción de colores y la libertad individual. Desde su fundación en 1909 hasta los años sesenta, la NAACP bregó por una “Constitución daltónica”. Desde entonces, se ha convertido simplemente en otro grupo de interés que súplica por favores. Este repentino cambio sería un espléndido material para una novela orwelliana: preferencia es igualdad, algunos “más iguales” que otros.

La historia de la NAACP generalmente es presentada como una historia triunfal del radicalismo. Los niños en edad escolar estudian acerca de las contribuciones del fundador de la NAACP, W.E.B. DuBois, pero no aprenden que DuBois abandonó la NAACP a mediados de la década del 30, se unió el Partido Comunista y abandonó el país para autoexiliarse en África.

La olvidada tradición daltónica de la NAACP puede ser narrada a través de la historia de otras figuras claves. Entre los cofundadores de la NAACP, se encuentran los abogados Moorfield Storey y Louis Marshall, dos blancos dedicados al principio de que la ley no reconozca colores. Desde 1909 a 1929, la NAACP dependía de su poder de fuego legal. Como Presidente de la NAACP, Storey desafió con éxito a las ciudades que segregaban a los vecindarios mediante la ley. En 1917, la Corte Suprema revocó este “apartheid” residencial—una victoria que llegó treinta y siete años antes del fallo recaído en la causa “Brown c. Consejo de Educación”.

Louis Marshall siguió con una victoria en el caso “Nixon c. Herndon” (1927), una decisión que prohibió las “primarias solo para blancos” del Partido Demócrata. Marshall también ganó un caso a favor de la elección escolar, obteniendo un fallo que establecía que las leyes que prohibían las escuelas privadas, impulsadas en muchos estados por el Klan Klux ku, eran inconstitucionales. El Tribunal dictaminó en este histórico caso que las escuelas privadas no podían ser prohibidas porque los niños no eran “meras criatura[s] del Estado”. La NAACP de nuestros días debería tomar nota de la ironía: su oposición a la “elección escolar” es la posición adoptada alguna vez por los intolerantes del KKK.

Los abogados negros tomaron la iniciativa desde la década de 1930 en adelante. Un joven Thurgood Marshall, que se convirtió en Consejero en Jefe de la NAACP a la edad de treinta y dos años, después de ganar el primer caso que planteó ante la Corte Suprema, compartía los sentimientos daltónicos de Storey y Louis Marshall. Un asistente recordaba: “Marshall tenía una ‘Biblia’ a la cual acudía durante sus momentos más depresivos.... Marshall leería en voz alta pasajes del sorprendente disentimiento de Harlan [en el caso “Plessy c. Ferguson”]. No creo hayamos presentado alguna vez un sumario importante en los días previos al caso Brown en el cual no fuese citada alguna parte de esa opinión. La cita favorita de Marshall era, ‘Nuestra Constitución no distingue los colores’. Se convirtió en nuestro credo básico. ”

En el caso “Brown c. Consejo de Educación de Topeka” (1954), Marshall le solicitó a la Corte Suprema que aboliese la segregación racial en las escuelas y terminase con el estándar de “separados pero iguales” de Plessy declarando que la Constitución no distingue los colores. En cambio, el Tribunal basó su decisión en una dudosa sociología.

Sin embargo, en la década de 1960 la NAACP siguió argumentando que las clasificaciones raciales eran peligrosas. Por ejemplo, un escritor le preguntó en una carta al abogado de la NAACP, Robert l. Carter, cuál era la posición de la agrupación acerca de un proyecto de ley para derogar la identificación racial en los certificados de matrimonio. Carter respondido: “Las denominaciones de color en los certificados de nacimiento, licencias de matrimonio y otros semejantes no pueden servir en absoluto para ninguna finalidad útil. Si estuviésemos preparados para aceptar el postulado básico de nuestra sociedad—que la raza o el color son irrelevantes—, entonces las contenciones de que las estadísticas de raza y color son de valor para las ciencias sociales se tornan una pura racionalización sofista”.

Asimismo, Clarence Mitchell, el jefe de los lobistas de la NAACP durante casi tres décadas, declaró que “En el momento en el que consigna la raza en un formulario de la administración pública,... usted le habrá abierto la puerta a la discriminación”.

A partir de los años setenta, sin embargo, la Corte Suprema mantuvo a la discriminación “benigna” en el nombre de la igualdad. Cuando el Presidente Richard Nixon mantuvo la posibilidad de que existan preferencias raciales en los puestos de trabajo y los contratos gubernamentales, la NAACP había cambiado de curso y empezó a procurar estos favores. Aquellos que todavía apoyaban que la ley no distinguiese colores se convirtieron en el nuevo enemigo.

George Orwell era famoso por desafiar a las “pequeñas ortodoxias hediondas” de su tiempo.

La descarriada NAACP necesita que las hediondas sales de los disidentes puedan recapturar la orgullosa tradición a la que han traicionado sus recientes dirigentes. Puede empezar por presentar con honestidad a la historia del “siglo los derechos civiles”. Esa historia estará signada por la búsqueda de una sociedad que no distinga los colores—un legado de libertad que han abandonado los dirigentes contemporáneos de la NAACP.

Traducido por Gabriel Gasave


Jonathan Bean es Investigador Asociado en el Independent Institute, Profesor de Historia en la Southern Illinois University, y director del libro de próxima aparición, Race and Liberty in America: The Essential Reader.




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