In English

La administración Bush hace nuevos enemigos a diario
14/8/2006
Ivan Eland

En el frenético entorno que expuso el complot para volar simultáneamente a diez aeronaves volando desde Gran Bretaña hacia los Estados Unidos, una línea de investigación que está siendo indagada por los investigadores debería poner muy nerviosa a la administración Bush. Los funcionarios británicos y paquistaníes encargados de la aplicación de la ley están examinando sí los conspiradores británicos de descendencia paquistaní recibieron dinero de una organización de caridad islámica, Jamaat ud Dawa. La organización de beneficencia habría sido utilizada como una fachada para un grupo militante que lucha por la separación de la provincia musulmana de Cachemira de la India predominantemente hinduista. El elemento más importante en toda la investigación es que Jamaat ud Dawa fue recientemente caratulada como una organización terrorista por la administración Bush. ¿Podría este rótulo haber motivado el complot en primer lugar?

Jamaat ud Dawa no posee ninguna asociación directa con al Qaeda y concentra sus esfuerzos en la expulsión del ejército de un estado no-musulmán (India) de territorios musulmanes (Cachemira)—la cuestión fundamental que enfurece y motiva a la gran mayoría de los ataques yihadistas islámicos. En verdad, los grupos yihadistas combatieron a los soviéticos en Afganistán durante los años 80, a los franceses y estadounidenses en el Líbano también en los 80, a los rusos en Chechenia, a los israelíes en Gaza y la Ribera Occidental, y a los estadounidenses en Afganistán y actualmente en Irak. Pese a esto, los Estados Unidos parecerían haberse salido de cauce para enfrentarse con la Jamaat ud Dawa.

Y el grupo aparentemente se ha percatado de ello. La página en Internet de la organización muestra una fotografía de Mohammed Saeed, el líder del grupo, protestando contra la designación por parte de la administración Bush de Jamaat ud Dawa como una organización terrorista en mayo de este año. El hecho de que el grupo resultara involucrado en el complot con bombas, acontecido tres meses después, parecería no ser ninguna coincidencia.

Jamaat ud Dawa es el ejemplo perfecto de la clase de grupos insurgentes regionales a los que el gobierno de los Estados Unidos continúa agregando a la lista del terrorismo estadounidense en el nombre de la “guerra global contra el terror”. Sin embargo, debido a que estos grupos no inician un foco anti-estadounidense, el gobierno de los EE.UU. está poniendo en peligro a sus propios ciudadanos al hacerse de nuevos enemigos de manera innecesaria. Los Estados Unidos no pueden y no deberían—por la seguridad de su propio pueblo—ayudar a todos los demás gobiernos a sofocar las amenazas planteadas por insurgentes y terroristas locales.

India y Pakistán precisan resolver el problema de Cachemira, y los Estados Unidos podrían incluso ser capaces de mediar en un acuerdo, en virtud de que actualmente poseen una alianza libre con ambas naciones. Pero etiquetar a los grupos cachemiros como “terroristas” no ayuda en nada a un futuro papel de los EE.UU. como un intermediario honesto en la disputa.

De manera similar, el apoyo servil en favor de la respuesta “desmesurada” de Israel en el Líbano al ataque de Hezbolá de objetivos militares israelíes podría provocar que Hezbolá vuelva a atacar blancos estadounidenses. El grupo virtualmente finalizó con sus ataques contra objetivos estadounidenses cuando los Estados Unidos retiraron a sus fuerzas del Líbano a comienzos de los años 80. Hezbolá, tal como lo ha demostrado anteriormente, resulta un enemigo formidable, pero su blanco principal es Israel. ¿Por qué la administración Bush sacudió innecesariamente el avispero de Hezbolá al obstaculizar el cese de las hostilidades en el Líbano de modo tal que Israel contase con más tiempo para atacar inútilmente a la infraestructura de Hezbolá y del Líbano?

Ningún conflicto en el mundo es aparentemente demasiado insignificante o irrelevante para la “seguridad de los Estados Unidos” como para que la superpotencia mundial se abstenga de intervenir. La primera responsabilidad de cualquier gobierno es la de tratar de que su pueblo se encuentre genuinamente seguro, no la de perpetuar el imperio. El imperio no genera seguridad, sino que en cambio la socava. El complot con bombas debería ser un despertador para la administración Bush a efectos de que se aparte de un innecesario entrometimiento en las guerras y conflictos de otras naciones.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




  • MyGovCost.org
  • FDAReview.org
  • OnPower.org
  • elindependent.org