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La viruela: El gobierno de los EE.UU. está poniendo en peligro a los estadounidenses con una riesgosa política exterior
12/11/2002
Ivan Eland

Una revisión de inteligencia por parte de la administración Bush ha concluido que cuatro naciones—Rusia, Francia, Corea del Norte, e Irak—poseen escondrijos secretos del virus de la viruela. También, los informes de prensa indican que el Vicepresidente Cheney está presionando para un programa de vacunación rápido y obligatorio, mientras que el Secretario de Servicios de Salud y Humanos Tommy Thompson se encuentra abogando por un programa voluntario hasta que pueda ser desarrollada una vacuna mejor. Cheney está presionando por un programa de vacunación universal y obligatorio porque él—como un halcón de la administración—se encuentra liderando las acometidas para una guerra contra Irak y al parecer se preocupa acerca de las posibles consecuencias.

¿Pero tiene algún sentido poner a la población entera de los EE.UU. en riesgo de adquirir la enfermedad más horrenda jamás infligida sobre la raza humana por una tentativa para prevenir el uso por parte de Saddam Hussein de un arma que él no sería partidario de emplear a menos que fuese atacado? Si Saddam procurase un ataque contra los Estados Unidos con viruela, la probabilidad de su éxito es desconocida y probablemente imposible de conocer. Pero la viruela es mortal. Todas las guerras del siglo 20 mataron a 110 millones de personas mientras que las víctimas de la viruela promediaron entre unos 300 a 500 millones. Por lo tanto no se justifica el riesgo. A diferencia de muchas otras armas biológicas, esa peligrosa enfermedad puede ser transmitida rápidamente de persona a persona.

La administración Bush está tratando a Corea del Norte, la cual se sospecha que posee por lo menos dos armas nucleares, cautelosamente. Pero un Irak con viruela, si estuviese arrinconado, podría ser igual de mortal.

La administración insiste en que los Estados Unidos deben atacar y remover a Hussein porque él utilizará eventualmente armas de destrucción masiva contra los Estados Unidos o se las proporcionará a los grupos terroristas. Dado el historial de Hussein de evitar tales acciones pese a las oportunidades de haberlas tomado, el peso de la prueba reposa claramente en la administración—antes de llevar a la nación a la guerra—para demostrar que él utilizaría de hecho tales armas terribles. El antecedente histórico indica que Hussein se ha abstenido de utilizar armas químicas o biológicas contra los estados que poseen grandes arsenales de armas nucleares—por ejemplo, Israel y los Estados Unidos en la Guerra del Golfo. Además, él no les ha otorgado armas químicas o biológicas a los grupos palestinos a los que él apoya con respecto a Israel.

Y Hussein es poco probable que se las proporcione a al Qaeda para que las utilice contra los Estados Unidos. Los grupos terroristas son radicales y no poseen domicilio alguno, como lo tiene Irak. La distribución por parte de Irak de tales super armas a los grupos terroristas podría ser descubierta y desembocar en una masiva venganza por parte de las potencias con armas nucleares. También, los terroristas con ideologías incompatibles—por ejemplo, al Qaeda—podrían terminar en última instancia utilizando esas armas contra Irak. De hecho, Hussein incluso no confía la custodia de las armas biológicas y químicas a sus unidades del ejército regular, sino que por el contrario restringe su posesión a las fuerzas de élite más leales. En síntesis, el peso de la evidencia indica que Hussein es "disuadible" bajo circunstancias normales.

Pero todas las apuestas se anulan si los Estados Unidos amenazan la existencia del régimen de Hussein o al mismo Hussein. Él entonces no tendría ningún incentivo para no utilizar las armas químicas o biológicas contra Israel, las fuerzas de los EE.UU. o a la patria estadounidense. La CIA concuerda con esa estimación, observando que Hussein sería disuadido probablemente de emplear armas de destrucción masiva contra los Estados Unidos—a menos que sea atacado. Si es atacado, sin embargo, la agencia de inteligencia cree que él no tendría ningún incentivo para no proporcionar ayuda a los terroristas islámicos que intentan utilizar las super armas contra los Estados Unidos.

La defensa de Cheney de un programa de vacunación masivo y obligatorio es una admisión implícita de que la amenaza de un ataque iraquí con el virus de la viruela es real. No obstante ello, esta percepción no inhibe a Cheney u a otros halcones en la administración de continuar batiendo los tambores de guerra. Estos halcones necesitan percatarse de que su vendetta contra Hussein por las últimas transgresiones que éste cometiera podría poner en peligro a los ciudadanos a los que juraron proteger.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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